jueves, 13 de septiembre de 2012

Para reflexionar!!! (El ESpectador. 17-09-11)

190 mil contra 16 millones

Por: elcides olaznog

Es, por decir lo menos, paradójico que en la semana que termina, simultáneamente los medios difundan dos noticias abiertamente contrarias que llevan implícita una pavorosa y sobrecogedora crueldad.
Por una parte, los genios de Planeación Nacional y del DANE demuestran “científicamente” que una persona perfectamente puede vivir con 190 mil pesos al mes. Y por otra, el magnánimo presidente del Honorable Senado de la República, Doctor Juan Manuel Corzo, sostiene que su miserable sueldo de 16 millones de pesos no le alcanza para comprar la gasolina de sus dos carros oficiales.
Cuando se habla de 16 millones debería hacerse claridad; un senador de la República tiene derecho a conformar una Unidad de Trabajo Legislativo que consta de 10 asesores que devengan salarios básicos que oscilan entre los 2 y los 8,5 millones mensuales. Es decir, en solo sueldos y primas especiales, el legislador les cuesta a los  bolsillos de los colombianos una suma cercana a los 80 millones de pesos mensuales, fuera de patas, como decía mi abuelo. Súmenle millonarias primas extras por salud, por vivienda, por transporte. A esa miserable suma se le debe agregar la carga prestacional “normal” no solo del Honorable Senador sino la de sus secuaces, perdón, asesores.
Agréguense ahora el costo de los viajes dentro del país en función del “trabajo” del legislador y los sacrificados viajes al exterior para representar al país (hoteles cinco estrellas, vuelos en primera clase con copioso whisquito, viáticos acordes con la importancia del personaje, y un largo etcétera que no cabe en este espacio). Y no se hable de pensiones de jubilación porque nos salimos de la galaxia. La suma o total del costo de un solo legislador es una cifra de fábula que excede la capacidad de imaginación de un mortal común y corriente como yo.
No debemos olvidar que cuando se habla del bolsillo de los colombianos, están incluidos los de trabajadores que están “por encima de la línea de pobreza”, es decir, los que según Planeación Nacional y el DANE superviven con la fabulosa cifra de 190 mil pesos mensuales. Cruel, ¿no?
Ruego a un amable economista que quiera ayudar en este caso, para que con datos más exactos establezca el costo por mes que por un sacrificado legislador debe pagar el erario, y la multiplique por 268 que es el número de harapientos padres de la Patria. La cifra va a ser tan astronómica y tan escalofriante, que muchos colombianos medianamente inteligentes van a pensar: ¿vale la pena patrocinar la sinvergüencería de 268 “padres de la Patria”, por un dizque trabajo que de ninguna manera satisface necesidades de quienes sí tienen que trabajar y muy duro para cubrir estos costos? ¿Se justifica erogar tantos y tantos millones para sostener la falsa idea de democracia?     
Por lo menos la reflexión vale la pena. Y vienen a mi mente unas preguntas indiscretas: Honorable senador Corzo, ¿cuánto cuesta la nómina de su Unidad Legislativa? ¿Considera usted que el extenuante trabajo de darles la palabra a sus colegas durante las aburridas sesiones del Senado pueda valer tanto? ¿Cuál es el proyecto de ley, cuál es la iniciativa bandera de su genial cerebro para que los colombianos tengamos que pagarle tanto dinero? En los negocios a su cargo, no quedan remanenticos que suplan las tremendas deficiencias de su misérrimo sueldo?
Honorable Senador Juan Manuel Corzo: siga haciendo su honorable trabajo (perdón por la repetición malsonante), disfrute de la dignidad con que unos colombianos ingenuos lo invistieron; siga viajando en primera clase, bebiendo whisqui 21 años, disfrute el caviar, insista en revivir la inmunidad parlamentaria para que no los castiguen por sus fechorías pero, por favor, no se burle de los colombianos que le subvencionan su fastuosa vida. Y como dicen en Santander: más bien cállese esa jeta y no sea como tan sin mama, qué bolera…
Señores expertos de Planeación Nacional y del DANE: disfruten sus generosos sueldos y prebendas oficiales,  continúen con su nobilísimo y altruista trabajo de reducir a cifras ridículas la pobreza de los colombianos; insistan en que si en el país se consumen 88 millones de kilos de carne ello significa que cada colombiano se comió dos kilos, etc. Sigan muy cómodos en su burbuja de Alicia en el país de las maravillas y sigan ignorando la cruel realidad pero, por favor, no se burlen de los colombianos que los mantienen a ustedes y a sus familias.
Colofón: cada cuatro años, o menos, los colombianos tienen la oportunidad “histórica” de elegir a sus dirigentes. Pero por alguna razón que no comprende la inteligencia humana llegan al poder personajes oscuros que no les alcanza el tiempo para solucionar los líos en que se meten en razón de sus intereses personales, mucho menos les va a alcanzar para solucionar los problemas de la gente.

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